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Amo este país como no sabe nadie, no solo por su diversidad de paisajes y su clima (que también), lo amo sobre todo por su gente; esas personas que de forma mayoritaria son amables, honestas, trabajadoras, solidarias, luchadoras... BUENA GENTE: los auténticos embajadores de nuestra patria.Esas personas que en estos tiempos difíciles se están volcando en los hospitales, en las farmacias, en los cuerpos de seguridad del estado, en los supermercados, en los equipos de limpieza, en montar un hospital en tiempo récord, en llevarles los excedentes alimentarios, en transportar mercancías para que no falten, en trasladara personas, en dar refugio a los sin techo, en ayudar al vecino, en salir cada noche a los balcones para aplaudir puntuales a las 20:00... esas personas que nos hacían y nos hacen la vida más fácil todos los días y que ahora los tiempos del coronavirus los ha visibilizado: nos damos cuenta de la importancia su trabajo, la enorme suerte de tenernos unos a otros. Como todo el mundo tengo amigos con diferentes ideologías y credos: también amo esta diversidad que me enorgullece y me enriquece. Ellos saben que, en los grupos de whatsapps, rechazo los mensajes de odio, sean xenófobos, homófobos, “credofobos”, o “cualquierofobo”;y cuando se cuela alguno se los hago saber. Lo cual no quita que a veces discutamos y contrastemos ideas(es sano y necesario); pero intentamos siempre -por encimas de las divergencias-llegar al entendimiento y al abrazo: eso nos hace crecer y nos une más. Por eso no entiendo que, con la que está cayendo, estén proliferando los whatsapps de odiadores profesionales (algunos me llegan incluso de teléfonos desconocidos que no sé cómo han conseguido mi número); me causa tristeza e indignación. Son todo lo contrario a la gente buena y, lo único que saben hacer es malmeter, dividir, sesgar, deteriorar la armonía y la convivencia. Se creen adivinos, científicos, más listos que nadie, poseedores de “la verdad”, su verdad que quieren imponer a los demás como una certeza, son creadores de pensamiento único, son peligrosos.
A penas si han pasado 81 años y parece que se nos han olvidado las consecuencias de los discursos de odio que nos llevaron, precisamente en los años veinte del siglo anterior, a la Segunda Guerra Mundial. Como en la magistral fábula dramática de Eugène Ionesco, Rinoceronte, escrita en 1959; de una manera casi imperceptible, este tipo de proclamas fue empapando las mentes menos críticas creando un cultivo de fácil propagación. Por eso pienso que hay parar las cadenas de odio y las “fake news”; no son constructivas y radicalizan las sociedades; solamente pretenden hacer daño en pro de intereses particulares maliciosos y ocultos. Es nuestra responsabilidad, tanto individual como colectiva, hacer frente a dichos discursos que deterioran la convivencia.
En los años 90, la escritora nicaragüense Gioconda Belli escribió un poema titulado Los portadores de sueños, que recomiendo buscar en internet. En él se habla de los profetas agoreros que predicen la destrucción del mundo (si no hacen o piensan como ellos claro). Pero también nos cuenta como “la vida que siempre se renueva engendra una generación de amadores y soñadores”. Yo creo que la gente de este país, esa que sale cada noche a las 20:00, esa que me emociona, pertenece a esa generación de amadores y soñadores. No es tiempo de odiadores, es TIEMPO DE AMADORES, de gente valiente y comprometida. Es TIEMPO DE ESPERAZA Y DE UNIÓN. Y en estos tiempos del coronavirus, como cada noche, a las 20:00, me enorgulleceré de mi país y de mi gente, saliendo a aplaudir al balcón.

Blas Miras