En la Región de Murcia, confirmados un total de 25 fallecidos. 897 personas afectadas por coronavirus a las 21 h. de este domingo.
Miguel Jorquera Hernández fallecía víctima del Covid-19 y con este reportaje publicado en el periódico local rendimos homenaje a este querido mazarronero.

Miguel Jorquera Hernández nació en Puerto de Mazarrón en 1937 y, aunque su infancia y buena parte de su mocedad la pudo pasar aquí, pronto tuvo que marcharse porque la vida en el municipio no ofrecía posibilidades para el sustento. Pero nunca se olvidaría de su tierra y siempre mantendría vivo el contacto con la localidad, a la que venía periódicamente y aprovechando cualquier excusa y oportunidad hasta que, una vez retirado, acabó por asentarse definitivamente en el pueblo que le vio nacer, y donde tenía a todos sus viejos amigos y conocidos, los de siempre, los de toda la vida.
Vecino de Puerto de Mazarrón, siempre mantuvo una actividad cercana a la Semana Santa, siendo presidente de la Cofradía de la Virgen de las Penas hasta hace pocos años. Como usuario del Centro Social de Puerto de Mazarrón, pronto se hizo visible participando y ayudando en la preparación de muchas de las actividades que se realizan desde allí. Una presencia constante en el lugar cuyo rastro podemos seguir a través de las numerosas fotografías en las que lo podemos ver formando parte de celebraciones, desfiles, actuaciones teatrales, etc. Su implicación con el centro fue tal que en mayo de 2014 se le nombró presidente del Consejo de Participación del Centro Social de Puerto de Mazarrón, del que también había formado parte sin cargo alguno durante muchos años.
A través de mi interés por la etnografía y la fotografía llegué a conocer a Miguel Jorquera en el transcurso de una de tantas actividades realizadas en el Centro de Día de Personas Mayores de Puerto de Mazarrón. De hecho, antes de esto ya había contactado con él para que asistiera en calidad de invitado al Curso de Historia de Mazarrón. Por ello, vino en varias ocasiones para hablar de algunos aspectos de la vida en el municipio que él había conocido de joven, casi medio siglo después. A raíz de esto, recuerdo haberle puesto en el compromiso de asistir en calidad de ponente a la Jornada de Etnografía que celebramos en el salón de la iglesia de Leiva en el año 2012 y donde hubo de enfrentarse a un auditorio de más de doscientas personas. Pero con su carácter acostumbrado salió más que airoso de la prueba y con muy buena nota. Tal es así, que volvimos a repetirla posteriormente.
Ese carácter tan específico de Miguel y su inclinación a implicarse en las cosas le llevó a participar en cuantas actividades tenía oportunidad y así lo mismo nos lo encontrábamos en un Desfile de Carrozas que en una representación de teatro del grupo “Amanecer” del Centro de Día. Precisamente fue en este último donde surgió la idea de la realización del primer calendario fotográfico de carácter benéfico realizado desde este centro. Todo comenzó cuando era su director, Rafael García Castillo, y la idea fue hacer un reportaje durante la participación del grupo en el Teatro de Adultos de la Universidad Popular para que después las imágenes sirvieran de base a la publicación del calendario que, en aquél entonces, dedicó los beneficios de su venta a Cáritas parroquial de Mazarrón y Puerto. La obra representada fue “Las Verbenas”, una adaptación de “La verbena de la paloma”.
A partir de ahí, me volví a encontrar con Miguel en infinidad de ocasiones, con ese aprecio y respeto mutuo que nos profesábamos. Su carácter inquieto le llevó a participar primero, y a dirigir después, el programa de radio “La voz de la experiencia”, uno de los más decanos de la programación de esta emisora. Su interés por todo tipo de temas, y con la ventaja de las propias aportaciones que él mismo podía hacer, le convirtieron en un auténtico valor desde el punto de vista del estudio de la etnografía. Su valiosa aportación personal se ha traducido en horas y horas de conversación junto a los usuarios del Centro de Día de Puerto de Mazarrón, trabajando sobre los más diversos aspectos de la historia reciente del Puerto. Como buen conocedor de la gente y con el aprecio que todo el mundo le tenía, las sesiones se desarrollaban siempre en un clima de confianza y de amistad casi idílico para este tipo actuaciones.
Miguel Jorquera nos ha dejado esta semana, cuando el domingo pasado conocíamos la triste noticia de su fallecimiento que nos ha cogido a todos por sorpresa. Como último adiós, bien merece un hueco en esta columna y un pequeño homenaje por su gran humanidad, su don de gentes, y porque hemos de lamentar la pérdida de uno de esos grandes valores, que lo han sido sin necesidad de hacer cosas grandes ni mucho ruido, simplemente siendo cercano y atendiendo siempre a todo el mundo con la misma calidez, sencillez, generosidad y simpatía, y por lo que contaba con el afecto y el aprecio del todo el mundo.







