De las oposiciones a la Guardia Civil a conquistar el mundo con su cámara: la inspiradora historia de este mazarronero que transformó el fracaso en pasión.
El mazarronero Jerónimo José Montes Martínez ha sido seleccionado por Nikon para cursar su prestigioso máster de fotografía, vídeo y storytelling en la Nikon School de Madrid, valorado en 1.200 euros. Este programa formativo permitirá al joven fotógrafo y filmmaker perfeccionar sus habilidades en tres áreas. En fotografía, adquirirá una comprensión crítica de las prácticas actuales, explorando la importancia de la composición y aprendiendo a conectar con diferentes públicos para comunicar conceptos e ideas de manera efectiva. En vídeo, se sumergirá en el potencial del medio en la era del marketing digital, dominando la creación y edición sencilla de vídeos para negocios y conociendo las mejores prácticas del sector. Por último, en el módulo de marca personal y estrategia online, profundizará en los conceptos clave para construir una identidad diferenciada, descubriendo los beneficios de una marca sólida y definiendo el canal web más adecuado para destacar en el entorno digital.
La historia de Jerónimo es un ejemplo de pasión. Con tan solo 14 años, ya sentía una fascinación por capturar momentos, grabando con cámaras deportivas económicas y analógicas a sus amigos y a sí mismo mientras surfeaban, patinaban o disfrutaban de fiestas. Sin embargo, la falta de calidad en el equipo y las limitaciones económicas le llevaron a dejar ese hobby a un lado para seguir lo que su entorno consideraba “el camino correcto”: estudiar bachillerato y preparar oposiciones para ingresar en la Guardia Civil, una tradición familiar heredada de su padre. Durante años, las noches junto a su progenitor estuvieron marcadas por charlas sobre el futuro: la academia, las especialidades, el orgullo de pertenecer al cuerpo y el ejemplo de su primo Manolo, un héroe familiar. Aquellas conversaciones alimentaron una ilusión que parecía inquebrantable, y Jerónimo estaba convencido de que ese sería su destino.
Pero la vida tenía otros planes. Tras cinco años opositando y llegar hasta Valdemoro para enfrentarse a la última prueba —la temida entrevista personal—, recibió un duro golpe: le indicaron que debía mejorar su capacidad de comunicación y expresión oral, sugiriéndole que, con esfuerzo, el año siguiente “sería un paseo”. Lejos de motivarlo, este revés lo sumió en una profunda depresión, acompañada de crisis existenciales, mareos y una desmotivación que le impedían llevar una vida normal. Gracias al apoyo incondicional de su novia Cecilia, su familia y sus amigos más cercanos, logró salir poco a poco de ese oscuro capítulo. Aunque continuó estudiando el temario, cada vez le costaba más concentrarse y se sentía vacío.
Fue en esos últimos años de oposición, entre la confusión y la presión, cuando la fotografía volvió a cruzarse en su camino. Primero como una vía de escape, luego como una pasión que renacía con fuerza, Jerónimo retomó la cámara y esa chispa inicial comenzó a crecer dentro de él. Decidió invertir en un mentor que le enseñara a monetizar su creatividad, y aquel guía le abrió los ojos: el éxito no estaba en un sueldo fijo mensual, sino en atreverse a crecer, evolucionar y dejar de ser lo que los demás esperaban de él. Así comenzó un proceso intenso de aprendizaje autodidacta: exponerse en Instagram, hablar frente a la cámara, pedir feedback constante a sus compañeros, leer, ver vídeos, probar y equivocarse.
Los frutos de su esfuerzo no tardaron en llegar. Quedó en segundo lugar en un concurso por la mejor fotografía de Murcia y las Minas de Mazarrón, atrajo productoras para grabar cine en la Región de Murcia con su serie 'Ceda Infinito' y fue reconocido como Joven Talento de Mazarrón. Aunque tuvo que rechazar otras oportunidades, como una beca de Too Many Flash valorada en 6.000 euros que implicaba mudarse dos años a Madrid —algo que su familia no podía permitirse—, su talento no pasó desapercibido. Hoy, Jerónimo asegura que la fotografía le ha dado lo que la oposición jamás pudo ofrecerle: la posibilidad de viajar por el mundo (Islandia, Canarias, Bélgica, Londres…), conocer personas admirables, aprender de ellas, trabajar con clientes que se convierten en amigos y vivir una vida cargada de propósito.
Actualmente, compagina su trabajo de fines de semana en una cadena de comida rápida con su actividad profesional como fotógrafo y filmmaker. Gestiona redes sociales, realiza bodas, comuniones, sesiones fotográficas y vende cuadros, reinvirtiendo cada ingreso en su crecimiento. Su meta está clara: pronto habrá avanzado lo suficiente para dejar el empleo que tiene y vivir al 100% de su pasión. Jerónimo invita a quienes quieran conocer su trabajo a seguirlo en sus redes sociales: Instagram @sauriophoto y @jeronimosauriofoto, donde comparte su evolución y su visión única del mundo a través del objetivo.







