Francisco Cayuela presentó en Mazarrón su último libro y recitó varios poemas sobre la paz, la agricultura o una elegía a los mineros, un homenaje a su padre.

El pasado viernes, 4 de abril, Mazarrón acogió la presentación de ‘Las puertas del escritor’, la segunda obra literaria del autor carbonero Francisco Cayuela Carrillo. Este compendio, que reúne más de cien textos entre poemas, sátiras teatrales y relatos de diversos géneros, desnudó el alma de un escritor singular, alejado de los cánones de su generación, y exhibió la creatividad que le ha granjeado seguidores en los cinco continentes.
   Tras su primera publicación, ‘¡Abre, canalla! Doce historias, doce puertas cerradas’, Cayuela Carrillo cumplió con esta nueva obra una promesa hecha a sus lectores, familiares y amigos, quienes durante meses le enviaron fotografías de su debut literario desde distintos rincones del mundo. ‘Las puertas del escritor’ se presentó como un homenaje a esa conexión global con sus seguidores, pero también como una ventana abierta a su universo interior, donde la naturaleza, el amor, la belleza femenina, la fe cristiana, España, la familia, el sufrimiento humano y los animales de compañía se convirtieron en sus musas.
   El libro invita a los asistentes a un viaje introspectivo por la mente de un creador de gran sensibilidad, cuya pluma transitó con maestría entre sonetos, prosas poéticas, odas, elegías, ovillejos y comedias. Con la emoción como herramienta principal, Cayuela Carrillo construyó textos que no solo buscaron entretener, sino también provocar reflexión y disfrute personal. Entre sus páginas, se percibe la potente luz de la tierra que lo vio nacer, un mundo interior que, según el propio autor, merecía ser descubierto.
   Durante la presentación, Francisco Cayuela Carrillo emocionó a los asistentes al recitar varios poemas que reflejaban su profundo mundo interior. Entre ellos, destacó un conmovedor texto sobre la paz, que destilaba anhelo y serenidad, y otro dedicado a su madre, cargado de ternura y gratitud. Sin embargo, uno de los momentos más intensos llegó con la lectura de una elegía sobre los mineros, un homenaje a su padre, quien trabajó en las minas y falleció cuando el escritor tenía tan solo 16 años; en esos versos, la dureza de la vida minera se entrelazó con el dolor de la pérdida y la admiración por un hombre que marcó su existencia.

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