La urna procesional representó con orgullo la Semana Santa mazarronera por las calles de la ciudad de Murcia.
Murcia se convirtió el pasado sábado, 15 de noviembre, en el epicentro de una manifestación de devoción sin precedentes, con la celebración de la Magna Procesión del Jubileo de la Esperanza 2025. Miles de fieles y curiosos inundaron las calles centrales para presenciar un cortejo extraordinario que unió a 14 pasos procedentes de 15 cofradías de 11 municipios de la Región de Murcia. Más de 100.000 personas, según estimaciones oficiales, se congregaron en un ambiente de recogimiento y fervor, marcando un hito en la historia religiosa local.
A primera hora de la mañan, las sagradas imágenes comenzaron su peregrinaje desde templos emblemáticos como San Antolín, San Pedro, San Miguel, San Juan Bautista, Santa Catalina, Nuestra Señora del Carmen y San Bartolomé. Estos traslados, acompañados por multitudes devotas, culminaron en la imponente Catedral de Murcia poco antes del mediodía. Allí, el obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, presidió una Solemne Misa Jubilar que infundió un espíritu de renovación espiritual a los participantes. A las 17:00 horas, en un gesto que no se repetía desde 1915, los pasos emergieron del interior de la Catedral para emprender un recorrido vespertino que revivió tradiciones centenarias.
Entre los protagonistas de esta procesión magna destacaron imágenes icónicas de la Semana Santa regional, como la Virgen de la Esperanza (patrona de Calasparra), la Samaritana de la Archicofradía de la Sangre de Murcia, el Santísimo Cristo de la Esperanza de Murcia y el Cristo de la Esperanza de la Hermandad de San Pedro Apóstol de Alcantarilla. No faltaron representaciones de renombre, tales como Nuestro Padre Jesús Resucitado de Cartagena, el Paso Azul y el Paso Blanco de Lorca, la Virgen de los Dolores de Águilas, La Oración en el Huerto de la Caridad de Murcia, el Cristo Amarrado a la Columna de Jumilla, San Juan Evangelista de San Pedro del Pinatar, el Cristo del Consuelo de Cieza y la Virgen de las Angustias de Yecla. Pero un foco especial recayó sobre el Santo Sepulcro de Mazarrón, que representó con orgullo la Semana Santa mazarronera en esta cita histórica, simbolizando la unidad cofrade de la Región.
La urna procesional del Santo Sepulcro de Mazarrón, atribuida al escultor lorquino Juan de Zamora en 1672 por encargo de Bartolomé Martínez, según documentos notariales conservados en el Archivo Histórico de Lorca, encarna una reliquia viva de la artesanía barroca. Su diseño actual, moldeado por reformas a lo largo de los siglos —incluyendo la luminaria decimonónica—, se compone de una peana de varas que soporta una urna dorada a modo de dosel calado, flanqueada por campanillas áureas y sostenida por cuatro columnas entorchadas sobre mascarones. Rematado por una cruz en pedestal de rocallas y candelabros profusos, el trono despliega un rico programa iconográfico con los Arma Christi, el monte Gólgota y la silueta de Jerusalén, salpicado de flores talladas —especialmente rosas, emblema de lo efímero— y motivos rococó. Como el más antiguo de su tipo en la Región, este paso único resalta por su antigüedad y singularidad, habiendo presidido originalmente el crucero izquierdo de la iglesia de San Antonio de Padua en Mazarrón, según inventarios de 1852 y 1857.

La procesión, inaugurada por la Cruz Guía de la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte y Virgen de la Estrella de Yecla, partió de la Plaza Cardenal Belluga y serpenteó por un itinerario que abrazó el alma urbana de Murcia: Calle Arenal, Glorieta de España, Calle Tomás Maestre, Calle Jara Carrillo, Plaza de San Pedro, Calle Cristo de la Esperanza, Plaza de las Flores, Plaza Santa Catalina, Calle Santa Catalina, Plaza de San Bartolomé, Plaza José Esteve Mora, Calle Calderón de la Barca, Calle Fernández Ardavín, Plaza Julián Romea, Calle Echegaray, Calle Santa Clara, Plaza de Santo Domingo, Calle Trapería, Plaza Hernández Amores, Calle Nicolás Salzillo, antes de retornar a Belluga.
Portado por 36 costaleros —entre ellos el nazareno del año 2025, Antonio Morenza Vidal, y el veterano Bartolomé Muñoz Muñoz, de 82 años—, el Santo Sepulcro de Mazarrón mantiene la tradición de ser llevado solo por hombres, aunque para esta magna ocasión invitó a mujeres cofrades pioneras que cargan la Santa Mujer Verónica cada Jueves Santo. Su ajuar, obra del artesano local Jesús García Izquierdo —incluyendo hachones, varas de mando y horquillas—, se adorna con flores granates y rosas, color emblema de la cofradía. La colcha y el estandarte, bordados en oro sobre terciopelo por los talleres del Paso Azul de Lorca, con el último restaurado en 2025 por Santa Conserva de Antequera, completan su esplendor textil.
Al concluir el desfile, las imágenes regresaron a sus templos habituales por las mismas rutas matutinas, cerrando una jornada que perdurará en la memoria colectiva. En Mazarrón, el Santo Sepulcro evoca momentos íntimos como el besapié del Viernes Santo en la iglesia de San Andrés, un ritual de silencio y oración junto a la Virgen de la Soledad. Documentado profusamente —algo inusual para un trono, no para imágenes—, este paso ha inspirado apodos cariñosos como "la Cuna" en crónicas de 1907, contrastando con "la Cama" de su hermandad en Santomera.
La música elevó el cortejo: la Banda Titular de la Agrupación Musical de Beniaján, fundada en 1979 y galardonada en certámenes como el de Valencia o Murcia, acompañó al Santo Sepulcro con marchas como "El Sepulcro" (propia de la cofradía, estrenada en 2015 gracias a una partitura centenaria), "Mektub", "Nuestro Padre Jesús", "El Evangelista", "Mater Mea", "La Madrugá", "Jerusalem", "Cordero de Dios", "Solemnidad" y "Mesopotamia". Con 80 músicos bajo la batuta de José María González Olivares, su emblema une pentagrama y naranja, reflejando el pulso cultural de la huerta murciana.

Santo Sepulcro
La urna procesional del Santo Sepulcro de Mazarrón está atribuida a Juan de Zamora, natural de Lorca, quedando reflejado en el contrato de concierto de la obra en 1672 por encargo de Bartolomé Martínez, vecino de Mazarrón, según consta en el Libro de Protocolos Notariales de Martín Navarro, escribano de Lorca que se conserva en el Archivo Histórico de esa ciudad. El aspecto actual es fruto de las numerosas modificaciones que ha sufrido a lo largo de los siglos, adaptándola al gusto de la época, como la luminaria que la adorna, añadida en el siglo XIX.
El trono procesional se conforma por una peana de varas sobre la que se asienta la urna dorada a modo de dosel calado, rodeada de campanillas también doradas, sustentado todo ello por cuatro columnas entorchadas sobre mascarones. El conjunto queda rematado por una cruz en un pedestal de rocallas e infinidad de candelabros.
Tiene un programa iconográfico amplio, representando los Arma Christi, el monte Gólgota y la ciudad de Jerusalén. Destacan las flores talladas, símbolo de lo fugas, rosas particularmente, y numerosas rocallas puramente estilo rococó. Se trata de un paso único por su antigüedad y singularidad, siendo el más antiguo conservado de esta tipología en la Región.
La urna del Cristo Yacente se encontraba en origen situada presidiendo el lado izquierdo del crucero de la iglesia de san Antonio de Padua, haciéndolo constar en los inventarios de ornamentos existentes en el templo en 1852 y 1857. La familia Monche era la encargada del mantenimiento del mismo hasta la guerra civil, logrando salvarse de la destrucción gracias a que Julián Campillo Fernández lo ocultó en la finca de su propiedad colindante con la de esta familia. No corrió la misma suerte la imagen, siendo la actual adquirida a Hijos de Ramón Bretcha, de Olot.
Julián Campillo y con posterioridad, su familia, se encargaron desde entonces de la adquisición de la imagen y el mantenimiento del trono hasta la refundación de las cofradías en Mazarrón en la década de los años ochenta del pasado siglo. Encomiable fue el trabajo de las familias que entonces se hicieron a cargo de la Cofradía. Salvador Campillo Heredia y su esposa; Pedro Martínez González y su mujer, Esmelita; Ginés Paredes y su mujer Petronila; José Zamora y su mujer María, o Ginés Morales. Ellos han sido los maestros de los cofrades que en la actualidad recogieron el relevo.
A partir de entonces, la Cofradía se ha encargado de su mantenimiento y mejora, a En el año 2006 se encarga al tallista-dorador José Lorente Sánchez de Nonduermas una peana de varas para el trono, que respeta la idiosincrasia del trono, dándole más realce. El interior de la urna se doró por Manuel Ángel Lorente en el año 2018, así como se procedió a la restauración de las campanillas. La imagen del Cristo se restauró en 2019 por el imaginero y restaurador jumillano Mariano Spitteri.
El trono suele ir portado por 36 portapasos, entre ellos tenermos al nazareno del año 2025 (reconocimiento que anualmente hace el Cabildo de Cofradías de Mazarrón), Antonio Morenza Vidal. Y también a Bartolomé Muñoz Muñoz, el más veterano, que con 82 años, lo tenemos portando al Santo Sepulcro sobre sus hombros.
El Santo Sepulcro de Mazarrón, siempre procesiona portado por hombres. Para la especial ocasión que representa la participación del Santo Sepulcro en la Magna Procesión, se ha invitado a las mujeres cofrades que cada Jueves Santo portan sobre sus hombros la imagen de la Santa Mujer Verónica desde hace más de 20 años, siendo pioneras en la región en sacar a hombros un paso exclusivamente de mujeres.
Hay que destacar que el amplio ajuar de hachones, varas de mando, luminaria de manolas, así como las horquillas que se utilizan para apoyo del trono en sus paradas son todo obra de las manos del cofrade mazarronero Jesús García Izquierdo. El trono por su riqueza ornamental suele estar adornado con pocas flores, siempre de color granate, que es el color representativo de la cofradía y suele llevar en sus composiciones florales rosas, como símbolo de la Pasión.
Hay que destacar también el ajuar textil. La colcha que luce así como el estandarte, están elaborados en terciopelo y bordados en oro los talleres del Paso Azul de Lorca. El estandarte ha sido restaurado este año en los talleres de la empresa Santa Conserva de Antequera.
Un momento muy especial es el que vive la Cofradía cada Viernes Santo. Tras finalizar la procesión, el Santo Sepulcro se dirige acompañado de la Virgen de la Soledad hasta la iglesia de San Andrés. Le acompañan nazarenos, banda y manolas de las dos cofradías, y allí tiene lugar una oración y un besapié, que cada año es más multitudinario. Sin embargo, es un momento de recogimiento, con luces apagadas, y en el que el silencio se hace protagonista.
La urna procesional ha sido profusamente documentada, algo singular si observamos que lo cotidiano es documentar las imágenes de las distintas hermandades y cofradías, sin embargo la especial factura del mismo ha sido el motivo de que haya tenido el protagonismo en los testimonios que se han conservado.
La cofradía del Santo Sepulcro de Santomera, con la que está hermanada el Santo Sepulcro de Mazarrón, denomina a su trono popularmente “la Cama”. En Mazarrón, se alude al propio como “la Cuna”, y así lo denominan en el periódico El Heraldo de Mazarrón, de 24 de marzo de 1907. Dice literalmente: “LA CUNA, (como aquí dicen) o el Sepulcro en otros términos, en Murcia lo han transformado de tal manera que apuesto lo que quiera a que no lo conoce el Padre Eterno.
¿Qué sería un desfile procesional sin música?
En el año 2015, la Cofradía del Santo Sepulcro gracias a una antigua partitura de principios del siglo XX que nos cedió Eusebio Martínez y a la colaboración de la Asociación Musical Maestro Eugenio Calderón, estrenamos marcha propia denominada “El Sepulcro”. Acompañó en la Magna Procesión la Banda Titular Agrupación Musical de Beniaján. La Banda muestra orgullosa en su escudo en el que se unen un pentagrama al símbolo de una naranja; dos referencias importantes a la actividades sociales y culturales de este bello emplazamiento del corazón de la huerta murciana.
Comienza su andadura en el año 1979 bajo la dirección de D. Matías Trinidad Ramón, y al amparo de la Escuela de Murcia. Entre sus muchos galardones podemos enumerar, Primer premio en el Certamen Internacional de Bandas de Música “Ciudad de Valencia”. Ha obtenido distinciones en el Certamen Nacional de Bandas de Música “Ciudad de Murcia”, Certamen Internacional de Banas de Música “Villa de Dosbarrios”, Certamen Internacional de Bandas de música “Vila de Sénia” (Tarragona). Ha sido distinguida con la distinción por el Excmo. Ayuntamiento de Murcia como Pregonera de la Feria de Septiembre de Murcia 2017. Y en 2018 el Real y Muy Ilustre Cabildo Superior de Cofradías le otorga la distinción de “Mención Especial del Cabildo Superior de Cofradías”.







