El escritor incansable, hijo de La Majada, que convirtió la historia en debate y la palabra en su patria, deja más de cien libros, miles de lectores y una estela de pensamiento libre imposible de borrar. DEP.
Ayer, Mazarrón despedía a uno de sus hijos más prolíficos, lúcidos y singulares: Juan Eladio Palmis Sánchez. Nacido el 26 de diciembre de 1942 en la pedanía de La Majada, su vida fue un largo viaje entre la mar y las palabras, entre la historia y la conciencia crítica.
Oficial de la Marina Mercante en su juventud, Palmis aprendió pronto que el horizonte no es una línea que limita, sino una invitación constante a navegar. De aquel pulso con el océano nació su primer libro, La Mar Camino Blando (1977), un poemario que inauguraba una travesía literaria extraordinaria: 110 libros editados, a una media de casi tres títulos por año. Poesía, novela, ensayo histórico, cuentos… ningún género le fue ajeno; todos fueron puerto y partida.
Estudioso apasionado de “la América Morena” —la que se extiende del Río Bravo a Magallanes—, dedicó a ese continente buena parte de su obra y su pensamiento. Cuba ocupó un lugar predilecto en su corazón y en sus páginas. Paralelamente, su incansable curiosidad lo llevó a profundizar en la figura de Cristóbal Colón, sobre quien sostuvo tesis valientes y controvertidas, fruto de años de estudio y documentación. Palmis no escribía para complacer: escribía para interpelar.
Fue también periodista independiente, político de convicción libre y colaborador habitual de este grupo de comunicación, La Voz de Mazarrón. Como columnista quincenal, su firma era sinónimo de análisis sutil y crítica firme. Siempre elegante en la forma, siempre incómodo en el fondo. Su pensamiento no conocía ataduras; su compromiso, tampoco.
Residente entre Puerto de Mazarrón y Cartagena, nunca perdió el vínculo con su tierra ni con su gente. Defensor de los desheredados, amante de la verdad histórica —aunque fuera distinta a la oficial—, Palmis fue, ante todo, un hombre fiel a sí mismo. Un poeta que miraba el mundo con ojos de marino; un marino que anotaba la vida como quien traza cartas náuticas.
En los últimos días de su vida, aún con dificultad, seguía dándole a las teclas de su ordenador —esas máquinas a las que nunca terminó de acostumbrarse—, arrancándoles palabras con esfuerzo y con humor. Hasta el final, escribió. Hasta el final, pensó. Hasta el final, fue Juan Eladio Palmis.
Toda la familia de La Voz de Mazarrón lo echaremos de menos. Echaremos de menos su ironía fina, su rebeldía reflexiva, su manera tan suya de cerrar cada artículo como quien ofrece un brindis y una declaración de principios: 'Salud y felicidad, sin OTAN', amigo Palmis.
Descanse en paz. DEP.







