Una decena de ponencias a cargo de conferenciantes de distintas universidades españolas y europeas.
A analizar el papel en la formación de una realidad mediterránea 'entre la tierra y el mar' se centrará este año la novena edición del Encuentro Internacional del Mediterráneo 'Phicaria' asumiendo con ello el análisis de un soporte clave de su historia.
Después de haberla aplazado durante tres años como consecuencia de la pandemia, se retoma el programa que se dejó pendiente y que lleva por título "Caminos de cultura: los grandes ríos mediterráneos, un patrimonio a valorar"
La actividad organizada por la Universidad Popular de Mazarrón se celebra este fin de semana en la avenida Constitución con una decena de ponencias a cargo de conferenciantes de distintas universidades españolas y europeas como las de Castilla La Mancha, Sevilla, Oberta de Catalunya, Barcelona, Venecia, París-Nanterre, Roma, Alicante, Murcia, la Rioja y el Ayuntamiento de Zaragoza.
El Mediterráneo, comunicado con otros 'mares' a través de estrechos, no ha permanecido ajeno a los desarrollos de ámbito continental. Los grandes cauces fluviales que vierten sus aguas a su cuenca pronto se constituyeron en imprescindibles vías de comunicación: ideas, tecnologías, cultos, objetos -cultura en el más amplio sentido de la palabra- han transitado por ellos.
La diversidad de identidades coexistentes en las tierras que bordea este “mar entre tierras” fluye, se extiende, tierra adentro entremezclándose con singularidades e imaginarios alejados unos de otros. Como contracorriente figurada, la singularidad mediterránea se ha nutrido de otras filiaciones conformadas en territorios interiores, menos permeables a mudanzas culturales o aceptación de lo diferente.
Ese espacio confluyente de otros muchos que es el río permite tejer un insospechado entramado de relaciones humanas, económicas e ideológicas, gestado al albur de acontecimientos sucedidos a lo largo de la milenaria historia mediterránea en cada uno de los territorios de su cuenca drenante.
Así, los ríos mediterráneos, sean de gran caudal o de corrientes menores o efímeras, constituyen paisajes culturales conformados por sociedades que, adaptadas a su variabilidad ecológica, han modelado su fisonomía pero también mitificado imaginarios surgidos de la fuerza de la simbología que concitan. Son escenarios de convivencias y desencuentros, forjadas en construcciones sucesivas de los paisajes que vertebran.







